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Mostrando entradas de marzo, 2011

Cortar cabezas

- Estoy nerviosa.
   - Se nota un poco.
   - ¡Cortar cabezas!
   - Cut necks!
   - No tío, eso sería cortar cuellos.
   - Bueno, para el caso...
   - No, no. Hay una diferencia clara entre cortar cabezas y cortar cuellos.
   - Miedo me das...
   - Fácil: cuando cortas un cuello, el corte puede ser superficial o profundo, y puede provocar la muerte o no, pero en realidad nunca llegas a separar la cabeza del tronco. Si lo haces ya no estás cortando el cuello sino decapitando, ¿no crees?
   - ¿Por qué estamos hablando de esto?
   - Pero en cambio cuando digo "cortar cabezas", me imagino las cabezas decapitadas de un simple ¡zas!, de manera que caen rápido al suelo y ruedan. Y la persona muere, claro.
   - Lo cual me parece lógico. Bastante más que esta conversación.
   - Aunque es cierto que cuando se dice "cortar cabezas", es como si estuvieras haciendo un corte en una cabeza, en el cráneo por ejemplo. Como una trepanación. Pero la trepanación es agujerear el crán…

Cambio

Salió a la ciudad con una sonrisa en la boca porque al fin se sentía libre. El sol empezaba a reclamar su papel en la recién estrenada primavera y el aire se había hecho algo más ligero, provocando que todos los sonidos fueran más agudos. Por eso sonreía, y tenía ganas de correr por las calles y revolcarse en la arena de la playa y dormir la siesta a la sombra de algún árbol. Porque era libre, porque al fin dejaba todas sus preocupaciones diarias atrás, porque podía vaciar su maleta de cosas viejas y sucias, porque se había quitado un tremendo peso de encima y se sentía tan ligera que se creía capaz de volar.

Salió a la ciudad con lágrimas en los ojos porque esa era la reacción más común ante los cambios bruscos e inesperados; porque se abría ante ella un abismo de incertidumbre y sentía esa especie de miedo escénico ante la idea de tener una vida completamente nueva por delante. Lloraba porque dejaba atrás buenos momentos que quizá no había sabido valorar del todo y porque de repente…

Tic-tac

Tic-tac, el tiempo pasa y ella sigue quieta, esperando.

Tic-tac, la noche da paso al día que da paso a la noche, y ella sigue en su rutina, avanzando en círculos. Aunque de vez en cuando también consigue hacer una ese. Que luego se convierte en un ocho.

Tic-tac, a veces el mundo parece detenerse por completo y entonces vive en un eterno día de la marmota, que se convierte luego en el mes de la marmota para acabar siendo el año de la marmota. Otras veces, en cambio, da la sensación de que todo sucede muy rápido. Las imágenes se difuminan y se distorsionan en un curioso efecto Doppler visual y no le da tiempo a comprender nada. Sólo sabe que algo se mueve. Y tras ese algo, miles de otros algos que se mueven más rápido todavía.

Tic-tac, recuerda todo lo que quería ser y que nunca llegó a conseguir, pero aún recuerda con más claridad la maldita incertidumbre de no saber qué hacer, presionándola a todas horas. Demasiadas opciones entre las que elegir sólo una, o dos, le producen la agobian…

Nube de información

Le están robando el tiempo.

Información que cae torrencialmente en y desde multitud de lugares. Miles de ojos que observan y luego explican; la objetividad a veces se olvida, la frivolidad impera, ya nadie sabe qué creer. Una inmensa torre de Babel que obliga a rebuscar entre millones de ceros y unos hasta encontrar una fuente fiable.

Un caos de arañazos negros y grises con pinceladas blancas sobrevolando su cabeza. Un link que lleva a tres más, cada uno de los cuales lleva a otros tantos, cual virus. Los links son virus. Cada vez hay más y más. Hasta que al fin se llegue al punto de partida; cuando todos los links apunten a otros links que apunten a esos links primigenios. ¿Es eso posible? Demasiada información que absorber, mientras el planeta entero juega a un trepidante juego del teléfono, ese al que juegan los niños para ver cómo se tergiversa un mensaje al pasar por veinte personas distintas. La calidad importa pero la cantidad impera.

Hasta que al fin todo se detiene y uno elig…

No lo hagas

No lo hagas.

No me critiques; no me corrijas. No me indiques qué hacer, no me señales la dirección, no pretendas guiarme por el supuesto camino correcto. No me impongas tu filosofía de vida; no me intentes convencer de que tienes más razón que yo. No me digas en qué fallo ni cómo debería pensar, ni insinúes que mi actitud es la equivocada. No me vendas psicología barata ni autoayuda de papel reciclado mientras tú tienes tu propia mierda que limpiar. No señales con el dedo de la inseguridad todos mis defectos como si los tuyos fueran menos importantes; no quieras hacerme creer que sólo yo soy un caso perdido. No me recuerdes las cosas que no tengo, en todo caso ayúdame a no olvidar lo que debo atesorar. No me digas lo que sabes perfectamente que no necesito oír; no apuntes y dispares sólo porque haciendo eso te sientes superior. No me mires por encima del hombro o acabarás chocando con los hombros de quienes te miran a tí; no me compadezcas ni sientas pena por mí sólo porque nuestras v…

Confidente

Claudia me mira con lágrimas en los ojos. Es muy bonita, pero no ha tenido un buen día. Mejor dicho, no ha tenido una buena semana.

Según ella, lo que lleva de año está siendo una mierda.

Claudia siempre me dice que con hablar conmigo le basta, que no es necesario que le diga nada; sólo con saber que alguien la escucha y le permite que se desahogue sin tapujos y sin ser criticada tiene suficiente. No quiere consejos ni palabras de apoyo ni ideas ni correcciones; sólo ansía sincerarse abiertamente sin más consecuencias que la posterior sensación de vacío y bienestar. De modo que yo no puedo hacer más que dejar que hable y llore, y estar pendiente de que no se le acaben los pañuelos de papel.

A veces Claudia se toca nerviosa el pelo o juega con algo entre sus manos: un trozo de plástico, un bolígrafo, una goma de pelo, la esquina de una hoja de papel, una miga de pan. Cuando habla, gesticula con energía y vocaliza con firmeza, profiriendo un innecesario énfasis a unas frases de queja y …