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Mostrando entradas de diciembre, 2011

El canto del gorrión

Las ramas de una vid desnuda se mueven imperceptiblemente bajo el cielo plomizo de un mes de diciembre cualquiera. El aire helado se ha tomado un pequeño descanso tras descargar su furia el día anterior, pero las nubes ganaron la batalla y siguen cubriendo el cielo, amenazando tormenta. El mundo está tranquilo y las pocas personas que pasean por las calles de piedra y musgo se frotan las manos, dejando tras de sí al respirar tímidos rastros de vaho, como si fueran extrañas locomotoras a vapor. Una pareja camina cogida por la cintura, queriéndose demostrar afecto y darse calor.

   - ¿Ya estás fisgando otra vez?
   - Shhh... ¡No me dejas oír lo que dicen!

Un aleteo y la rama se mueve con algo más de intensidad.

   - ¡Espera!...

La fría piedra del suelo se confunde en color y forma con los muros de la ciudadela. La puerta de un pequeño restaurante se abre y unas campanas tintinean; un grupo de palomas asustadas alza el vuelo rápidamente hasta posarse sobre las gárgolas de una vieja igles…

La cajita de cristal

- Tengo una cajita de cristal...
   - ¿Una cajita de cristal?
   - Sí. Es de cristal fino y muy resistente. De hecho, es tan fino que a veces se me olvida que está ahí.
   - ¿Y qué guardas dentro?
   - Pues un corazón.
   - ¿Un corazón?
   - Sí, un corazón.
   - ¿Y cómo es?
   - ¿Cómo va a ser? Pues como el resto de corazones. Tiene venitas y arterias y bombea sangre y está calentito.
   - Pero... Eso no es posible.
   - Lo que tú digas... Pero tengo una cajita de cristal fino con un corazón real dentro. Lo malo es que la abrí hace poco...
   - ¿Y qué pasó?
   - Pues que el corazón se asustó. Se había acostumbrado a estar tranquilito dentro de su caja y le estresa que lo miren y lo toquen. Y sufre un poco, pero ya le he dicho que es cuestión de tiempo, hasta que se adapte a la nueva situación.
   - ¿Hablas con él?
   - ¡Claro! Necesito entender sus necesidades, y yo le explico las mías. Es necesario llegar a un acuerdo. Si no, ¿para qué tener un corazón? Y en realidad nos ayudamos …

Certeza

La nota apareció en mi buzón un lunes por la mañana. "Te encontré", rezaban sus letras nerviosas. Algo me decía que el autor era zurdo y que había usado una pluma Montblanc, aunque yo no tenía ni idea de cómo era una pluma Montblanc y mucho menos sabía sobre grafología. El papel era de gran calidad y olía ligeramente a metal. Subí las escaleras releyendo una y otra vez aquellas palabras mientras mi cabeza imaginaba un futuro incierto y mis pies esquivaban de forma casi automática los escombros. Una vez en casa encendí un cigarrillo y observé su humo ascender lentamente hasta desaparecer muy cerca del amarillento techo. "Enhorabuena", susurré. Mi gato asintió con un corto maullido, y yo tiré el papel a la basura. "Enhorabuena".

Sólo deseé que alguien cuidara de mi gato una vez yo hubiese muerto.

Publicado en LiteraturaNova.com en Agosto de 2011.