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Mostrando entradas de 2011

El canto del gorrión

Las ramas de una vid desnuda se mueven imperceptiblemente bajo el cielo plomizo de un mes de diciembre cualquiera. El aire helado se ha tomado un pequeño descanso tras descargar su furia el día anterior, pero las nubes ganaron la batalla y siguen cubriendo el cielo, amenazando tormenta. El mundo está tranquilo y las pocas personas que pasean por las calles de piedra y musgo se frotan las manos, dejando tras de sí al respirar tímidos rastros de vaho, como si fueran extrañas locomotoras a vapor. Una pareja camina cogida por la cintura, queriéndose demostrar afecto y darse calor.

   - ¿Ya estás fisgando otra vez?
   - Shhh... ¡No me dejas oír lo que dicen!

Un aleteo y la rama se mueve con algo más de intensidad.

   - ¡Espera!...

La fría piedra del suelo se confunde en color y forma con los muros de la ciudadela. La puerta de un pequeño restaurante se abre y unas campanas tintinean; un grupo de palomas asustadas alza el vuelo rápidamente hasta posarse sobre las gárgolas de una vieja igles…

La cajita de cristal

- Tengo una cajita de cristal...
   - ¿Una cajita de cristal?
   - Sí. Es de cristal fino y muy resistente. De hecho, es tan fino que a veces se me olvida que está ahí.
   - ¿Y qué guardas dentro?
   - Pues un corazón.
   - ¿Un corazón?
   - Sí, un corazón.
   - ¿Y cómo es?
   - ¿Cómo va a ser? Pues como el resto de corazones. Tiene venitas y arterias y bombea sangre y está calentito.
   - Pero... Eso no es posible.
   - Lo que tú digas... Pero tengo una cajita de cristal fino con un corazón real dentro. Lo malo es que la abrí hace poco...
   - ¿Y qué pasó?
   - Pues que el corazón se asustó. Se había acostumbrado a estar tranquilito dentro de su caja y le estresa que lo miren y lo toquen. Y sufre un poco, pero ya le he dicho que es cuestión de tiempo, hasta que se adapte a la nueva situación.
   - ¿Hablas con él?
   - ¡Claro! Necesito entender sus necesidades, y yo le explico las mías. Es necesario llegar a un acuerdo. Si no, ¿para qué tener un corazón? Y en realidad nos ayudamos …

Certeza

La nota apareció en mi buzón un lunes por la mañana. "Te encontré", rezaban sus letras nerviosas. Algo me decía que el autor era zurdo y que había usado una pluma Montblanc, aunque yo no tenía ni idea de cómo era una pluma Montblanc y mucho menos sabía sobre grafología. El papel era de gran calidad y olía ligeramente a metal. Subí las escaleras releyendo una y otra vez aquellas palabras mientras mi cabeza imaginaba un futuro incierto y mis pies esquivaban de forma casi automática los escombros. Una vez en casa encendí un cigarrillo y observé su humo ascender lentamente hasta desaparecer muy cerca del amarillento techo. "Enhorabuena", susurré. Mi gato asintió con un corto maullido, y yo tiré el papel a la basura. "Enhorabuena".

Sólo deseé que alguien cuidara de mi gato una vez yo hubiese muerto.

Publicado en LiteraturaNova.com en Agosto de 2011.

Para Claudia

Hola Claudia, ¿cómo estás?

Hace mucho tiempo que no sé nada de ti. Sé que no te has ido porque te presiento en cada paso que doy, y créeme si te digo que no te olvido. Ha vuelto el frío y la otra noche había algo de niebla, con lo que las luces naranjas de la ciudad eran más espesas, y no pude evitar preguntarme qué estarías pensando de verlas así otra vez. Supongo que te traerían recuerdos...

Yo estoy bien. La verdad es que este año está siendo increíble. Me cuesta creer que hace menos de un año fuéramos inseparables y que, todavía no sé muy bien cómo, ahora apenas nos veamos. No es que te eche de menos, pero no me malinterpretes, eres parte de mí y te estoy tremendamente agradecida por haberme dejado ver el mundo con tus ojos. Caminar en tus zapatos fue pesado; llorar contigo fue la manera más dura de conocer esa parte oscura del corazón, ese agujero negro del que la gente reniega por miedo o vergüenza. Nunca me he sentido tan orgullosa de haber pasado por ello.

Dime, Claudia, ¿sigu…

Mil millones de...

Mil millones de cosas por vivir.

De canciones por escuchar, de kilómetros por recorrer, de lugares por visitar. Mil millones de estrellas en el cielo, pero ninguna tan brillante como la que tú me regalas cada vez que me miras. Mil millones de gotas de lluvia que me recuerdan a los mil millones de caricias que quedan por dar; mil millones de relámpagos a los que pedir deseos que tarde o temprano se cumplirán. Mil millones de sonrisas y de lágrimas, de desconocidos que pasarán por nuestro lado y que nos olvidarán; de copas y luces y sombras, de pisadas furtivas, de susurros al oído, de gritos al cielo, de silencios cómplices entre sábanas cálidas en una noche de tormenta. Mil millones de colores por redescubrir, a cuál más brillante, cada uno con su particular significado; mil millones de latidos que quiero escuchar, de sorpresas y segundos que no pasan y horas que vuelan, mientras las nubes se transforman y el mundo sigue mirándose estúpidamente a los pies, lamentándose, sufriendo. Mil…

Copa vacía

Lo sé, la copa se está quedando vacía.

No es porque yo quiera. A veces parece que la botella pesa demasiado. La miro y la acaricio; está tan fría que desprende agresividad. No me atrevo a levantarla; simplemente no puedo. No tengo la mente nublada, no me duelen los brazos, no es que no tenga sed. Sé que no es cobardía. Desconozco el motivo, pero la copa se está quedando vacía y eso me da mucha rabia.

Tú me miras con ojos de asombro mientras yo me limpio los labios con la servilleta. No estás asustado, o al menos no dejas que me dé cuenta de ello. Me coges una mano y la besas con suavidad. Yo vuelvo a mirar la botella llena y mi copa vacía. Y un poquito más de mi voluntad desaparece volátil como el alcohol. Me tienes hechizada.

No sé qué es peor, si el vacío de mi copa o la vida en mi corazón, que late con más fuerza que nunca, de tal manera que duele. Las luces naranjas de la noche son más cálidas y acogedoras; las lágrimas tienen un significado completamente distinto ahora que me abr…

Madrid

Madrid.

Otra vez.

Pero esta vez, de algún modo y de muchos modos al mismo tiempo, es diferente.

「あわれ」 Esa palabra japonesa describe a la perfección cómo me siento.

Ojalá tuviese un ordenador a mi alcance; mis dedos son más rápidos tecleando que moviendo un bolígrafo. Todas las frases que quiero decir pasan por mi cabeza fugaces y yo intento cazarlas, pero se me escapan como un puñado de fina arena y al final sólo puedo escribir palabras inconexas y confusas. Y pierden el sentido real de lo que quiero decir.

Me pongo el pijama y me quito las gafas diecinueve horas y media más tarde, pero no puedo despegarme de la música, que me ha acompañado durante la mitad del trayecto, ahora en el suelo, antes más cerca de las estrellas.

Y he visto la luna y he podido acercarme un poquito más a ella, siempre tan altanera y tan perfecta, con su mueca imitando una gélida sonrisa de cristal. El amanecer era rojo como en Marte, y yo me sentía en una nave espacial que me llevaría lejos, y luego un poquit…

Inolvidable

Los macarrones salieron volando por encima de la mesa cuando ella se levantó airada, acabando algunos en la ensalada de él, el resto esparcidos por el suelo. El cuenco con el queso rayado rodó lentamente hasta pararse a los pies de la mesa de la izquierda, dejando tras de sí el rastro de su trayectoria. La botella de cristal rebotó contra el suelo con un sonido seco y la mitad de su contenido se vertió sobre las baldosas anaranjadas. Sólo un susurrado "¿Pero qué...?" perturbó el silencio que había inundado el restaurante.

Ella bajó la mano en la que aún sostenía la copa, ahora vacía, y miró fijamente la cara de él, completamente empapada de agua. Estaba de pie ante él, apoyada en la mesa de mantel blanco con ambas manos. Su pulso se había acelerado y todavía podía sentir la ira en la boca del estómago.

- Siempre quise saber qué se siente al tirarle el agua a la cara a alguien. Gracias, tú me lo has puesto en bandeja. Y ha sido inolvidable.

No volvieron a verse.

Vaquero

Coge tus pistolas, vaquero, y huyamos a la tierra donde nunca se pone el sol...

Una tierra que dé al mar, para poder jugar con las olas mientras observamos con envidia y una sonrisa en los labios el vuelo de las gaviotas. Una tierra en la que las tormentas eléctricas nos visiten con frecuencia para poder pedirle mil deseos a los rayos; una tierra de lluvias torrenciales para poder bailar bajo ellas, respondiendo a los truenos con carcajadas mientras extendemos los brazos y alzamos la cabeza hacia el cielo, siempre arriba, más allá del vuelo de las gaviotas. Una tierra de silenciosos amaneceres en los que la brisa nos despierte con suavidad mientras el resto del mundo gira frenéticamente; una tierra de colores brillantes que nos descubra a cada paso algo nuevo, algo nunca antes visto, algo que mantenga nuestra infantil curiosidad siempre viva. Una tierra de altos acantilados desde los que observar el lejano horizonte mientras las olas rompen a nuestros pies, refrescando nuestra piel y …

Ella

Me visita muy pocas veces. No es que le guarde rencor. A veces me preocupo por ella, pensando que quizá está demasiado estresada o que incluso me tiene miedo; en esas ocasiones aguardo pacientemente su llegada, dejando que se tome el tiempo que necesite, sin presiones ni reproches. Pero otras veces no tengo más remedio que enfadarme. Porque cuando más la necesito ella no está, y por más que la llamo y que invoco su presencia ella no se digna en aparecer. Pienso entonces que anda escondida tras la luna, altanera y soberbia, sonriendo con muecas de niño travieso desde el firmamento, y que observa con placer mi sufrimiento, mi eterna espera, mis fútiles intentos por hacer que vuelva a mi lado. Y sólo siento que disfruta con ello.

Es traviesa y adorable. Me ha otorgado enormes satisfacciones y desastrosas frustraciones a lo largo de los años. Sus frutos son ricos y jugosos, pero tan escasos que se convierten en un manjar casi prohibido, lujoso y caro. Es caprichosa, puesto que aparece en …

Fuera de cobertura

Claudia estaba fuera de cobertura.

La llamaron, le escribieron, intentaron verla sin éxito. Ella nunca decía que no; simplemente permanecía callada. No estaba desaparecida sino quieta, como uno de esos muñecos de cera de los museos. Su postura era tan absolutamente estática que daba la sensación de que el tiempo se hubiera detenido dentro de la burbuja que la rodeaba. No pestañeaba, no se quejaba; no hacía otra cosa más que existir, que estar ahí, sin interacción, sin reciprocidad.

Un día alguien pensó en hacerle cosquillas. Se acercó como un gato vigilando su presa, sin apenas ser ruido, mimetizándose con el entorno, como si de un camaleón se tratase. Pero Claudia estaba fuera de cobertura, al igual que su corazón, por lo que cuando el gato-camaleón se le acercó para jugar un rato, ella ni se inmutó. Hacía tiempo que Claudia no creía en los colores naranjas y rojos del deseo y la diversión, porque por experiencia sabía que al final esos colores se volvían grises y negros. No tenía fu…

Los cinco hermanos chinos

El aceite hirviendo chisporroteó al contacto con el huevo que la madre estaba a punto de freír. El zumbido del extractor de la cocina obligaba a que la niña, sentada en su taburete frente a la pequeña mesa verde, elevara la voz mientras leía para que su madre pudiera oírla. Flotaba en el ambiente el olor cálido a patatas fritas recién hechas, y una suave y refrescante brisa le movía los rizos en aquél caluroso mediodía de un verano de mediados de los ochenta.

"Entonces el cuarto hermano dijo: '¿Puedo ir a despedirme de mi madre?'", leía la niña con máxima concentración y tremendo interés. Era la segunda vez que leía ese cuento y ya lo recordaba perfectamente, por lo que tenía cierta fluidez, aunque de vez en cuando se quedaba encallada en alguna palabra.

La madre sirvió el huevo recién hecho sobre un plato de vidrio opaco y cortó dos rebanadas de pan. Añadió unas pocas patatas al plato y le pidió a su hija que retirara el libro para no ensuciarlo mientras comía. &quo…

Itadakimasu

いただきます

Primero bendijo los alimentos a coro, al principio con sentimiento, luego por costumbre, sin pensar.
Más tarde sólo movía los labios en un discreto playback, hasta que acabó cerrándolos en un acto arrogante de juvenil rebeldía. Dejó de creer en bendiciones y demás parafernalia religiosa.
Hubo entonces una época en la que solía desear buen provecho, básicamente por educación. Dejó de hacerlo cuando nadie le deseaba buen provecho a ella.
Durante unos años no tuvo con quién bendecir los alimentos ni a quién desearle buen provecho. Comía y cenaba sola platos recalentados a base de microondas baratos, platos congelados y sobras más cercanas al aburrimiento que a una agradable velada. Estaba triste.
Y finalmente se reconcilió con una parte de ella misma que había intentado ocultar, y eso le abrió puertas y volvió a sonreír. Por eso, aunque sea en un idioma que no mucha gente domina en esta parte del planeta, aunque la miren raro y arqueen las cejas, al terminar y como agradecimiento …

Caparazón de escarabajo

Hoy Claudia ha salido a la calle con el corazón en un puño y un nudo en el estómago.

No tiene razones realmente objetivas para sentirse de ese modo. Su vida fluye en el día a día con pequeños detalles favorables y desfavorables, como el resto de vidas. La suya no es una excepción. Pero a veces no puede evitar sentir pánico. No es pánico en el sentido literal de la palabra; no al menos como lo definen los libros de psicología y psiquiatría. En la escala interna de Claudia, a pesar de todo, ella define esa sensación como pánico.

Lleva ya tiempo intentando encontrar una lógica al hecho de que, de vez en cuando, sienta unos deseos difícilmente reprimibles de salir corriendo del metro. O que se imagine a sí misma disparando a ese maldito pájaro que se pone a chillar cerca de su ventana durante las noches de primavera. Lo que más la confunde es que esos deseos no persisten en el tiempo; a veces no le importa viajar en un vagón abarrotado de gente, y otras veces ni siquiera se entera del agu…

La clienta del bar

- ¿Sabes?
   - Dime.
   - Dicen que los gatos absorven la energía negativa.
   - ¿Ah sí? ¿Por qué?
   - Porque cada vez que acaricias el lomo de un gato te estás haciendo un masaje en la palma de la mano, que tiene un montón de puntos de acupuntura y reiki. De modo que al estimular la palma de la mano en su lomo, estás limpiando tu energía. O eso dicen...
   - Vaya, no lo sabía.
   - Sí. Pero como yo no tengo gato, acaricio tu espalda.
   - Si supiera, te juro que ronronearía...

Ella, borracha, se quedó dormida sobre la mesa. Él, ausente, retiró su última copa y comenzó a recoger la barra. Era tarde y tenía sueño, y se sentía ligeramente frustrado. No sabía por qué, y eso lo frustraba aún más, de tal modo que metía las copas sucias en el lavaplatos con el ceño fruncido, como si las estuviera regañando. Luego se puso a barrer el suelo, retirando las sillas con cuidado para no despertarla. Cuando acabó, la observó con atención.

Al día siguiente a ella le dolería la espalda. Y la cabe…

Bichos

Una noche más, te acuestas esperando disfrutar de un sueño reparador.

Te pones el pijama, te deslizas bajo las sábanas. Enciendes la pequeña lámpara para leer un rato. Abres el libro; ya llevas más de la mitad. Es una novela bastante mediocre, uno de esos best sellers de los que intentas huir y que tan bien escritos están, con esa prosa casi perfecta que mantiene un ritmo trepidante pero que, al final, no cuenta nada. Sabes que, cuando acabes de leerlo, probablemente lo cerrarás preguntándote qué mensaje quería enviar el escritor, si es que pretendía enviar algún mensaje. Los libros sin mensaje no te gustan. Y un libro no tiene mensaje cuando, tras leerlo, tienes que esforzarte por recordar qué narices pasaba en sus páginas. Por eso esta novela es mediocre, pero al menos te maniene entretenido un rato.

De repente una pequeña mosca pasa ante tus ojos. Apenas mide un milímetro, así que no estás seguro de que sea una mosca. Muchas veces has visto a estos bichos volar en grupo por encima …

Triste viento

Hoy es una de esas noches en las que parece que el mundo está desierto.

El viento sopla con timidez y sin apenas fuerza, y se lamenta deslizando sus penurias por las fachadas de los edificios, lamiéndolas, serpenteando. Es un llanto apagado y triste, pausado, contenido. El viento no quiere ser oído, no quiere molestar. Hoy el viento está cansado.

En el exterior una enorme palmera danza asustada y solitaria, y sus hojas son como esas cortinas de una vieja casa abandonada que se mecen a cámara lenta cuando un espíritu atormentado las roza. El sonido que ese movimiento produce recuerda vagamente a lágrimas cayendo sobre mojado; a sábanas retorciéndose sin sentido; al agua siendo arrojada sobre un suelo de frías baldosas sin vida. Es una melodía que asusta, que alerta, que inquieta, que no duerme. Y el viento se lamenta.

De fondo, un rumor que no termina de apagarse. Un susurro constante, una molesta vibración que consume y apaga cualquier otro sonido posible. Hay muchos vientos, y todos …

Desconexión

Él quiere escapar, pero todavía no sabe cómo hacerlo.

Está agobiado, estresado, cansado. Siempre atento, siempre alerta, mirando continuamente por encima del hombro virtual que lo separa del resto de la humanidad. Ha llegado a un punto en el que siente observado, perseguido, criticado y adorado al mismo tiempo. Hace tiempo que se siente mal. Hace menos tiempo que ha empezado a reconocer ante sí mismo que tiene un problema. Todavía no se lo ha dicho a nadie.

Tampoco tiene intención de hacerlo. Simplemente quiere desaparecer. Dejar de contestar a los mensajes. No encender el ordenador de casa ni coger el teléfono. Apagarlo. Con un simple gesto, en tan sólo un par de segundos, puede desconectar de todo y de todos. La intención principal es pasar cuatro o cinco días aislado del mundo. Lógicamente, seguirá yendo a trabajar; comprará el pan, como cada día, y tirará la basura; saludará a los vecinos de su escalera, cogerá el metro en hora punta y caminará por las calles de la ciudad escuchan…

Bloqueo

Claudia está bloqueada. Se encuentra en ese punto exacto en el que mira pero no ve. Sus ojos no enfocan, siempre apuntan al infinito. Ella lo intenta, con toda su alma. A veces lo consigue, aunque por poco tiempo. Y entonces vuelve a observar la nada que sólo ella es capaz de sentir.

Todo empezó un día de esos en los que uno piensa: "Luego". Mala palabra, ese "Luego". Porque el "ahora" se convierte en largos minutos tumbada en la cama, mirando al techo. "¿Y esa marca?", se pregunta. "¿De veras ha estado siempre ahí?". Pero Claudia no se mueve. Sólo navega por los recuerdos de su mente, hasta que encuentra uno que le dice que sí, que esa marca ha estado siempre ahí. Entonces cierra los ojos durante unos segundos para después abrirlos y mirar por la ventana. "Qué azul está el cielo hoy". Y permite que un torrente de emociones viajen a través de ella. No las controla, simplemente deja que pasen. Una tras otra. Algunas hacen daño…

Tu nombre

Hoy he vuelto a leer tu nombre, y me he dado cuenta del abismo que nos separa.

Había visto escrito tu nombre muchas veces, hace tiempo, hasta que me acostumbré a él, al orden de sus letras, a su forma. Ahora, en cambio, empieza a parecerme extraño, como si no lo conociera. Como si nos acabaran de presentar. Me suena a nuevo, a recién estrenado, a poco usado.

Tu segundo apellido es el que más me desconcierta. Lo pronuncio lentamente, en un susurro apagado, saboreando cada letra, intentando recordar las (pocas) veces que lo dije en voz alta. Pero aun así parece que es una nueva palabra, aunque yo sé que siempre ha estado ahí. En realidad es como si tuviera otro brillo. Como cuando uno está acostumbrado a ver un paisaje desde cierto ángulo y un día la luz cambia, y uno se desorienta. Y entonces pienso: "¿En serio siempre te llamaste así? ¿Fue realmente ése tu nombre?".

Tu primer apellido, en cambio, todavía me produce un desagradable nudo en la garganta. Incluso cuando no se r…

Música

El Olvido se ha apoderado de tu mente, pero tú no te has dado cuenta. El Recuerdo ha sido derrotado por la Ceguera y la Confusión, consumiéndolo poco a poco. Las imágenes de tu mente son borrosas, y la Mentira juega con ellas. El Tiempo te lleva en sus manos, sin que puedas marcar el rumbo de tus pasos. Pues el Presente es el amo de todas las cosas, y te guía aunque tú no lo quieras. Siete candados mágicos cierran las puertas al rincón del Recuerdo Puro, pero no puedes abrirlos. Pues de los candados no conoces su existencia, mas la Intuición al oído te susurra la verdad. Y la Confusión sigue ahí, manipulando tus creencias y tu pasado. Y todo pasa, poco a poco, sin que te des cuenta... Hasta que la Música golpea las puertas de tu corazón, llamándote por mil nombres y por ninguno. Pero el Presente te grita, y pocas veces llegas a entender lo que ella te dice. Mas la Intuición está de tu parte, y decides un día escucharla con atención. Y consigues oír la Música, y el Recuerdo te abofete…

Airship era (II)

Una gabardina ondea violentamente a ochocientos metros del suelo. Es de color marrón claro, como la arena de aquella playa que la ciudad perdió hace tiempo. Los botones nacarados producen destellos anaranjados, como si quisieran enviar un incomprensible mensaje en morse. Los zapatos negros y relucientes sobresalen un par de centímetros por el borde, como un gato asustado al que le cuesta vencer la curiosidad. Y por debajo, casi pegada al suelo, la niebla.

Ellos le dijeron que todo iba a salir bien. Que estaría seguro en su apartamento y que no le faltaría de nada. Que la ocupación duraría un par de semanas y entonces podría salir de allí y viajar con su familia, lejos, a alguna isla perdida en el océano. Pero ellos obviaron ciertos detalles.

Los malditos robots llevan varias semanas sin permitirles salir del Sendai. Al principio no fue tan malo. Habían tenido comida y bebida, y la niebla no llegaba hasta sus ventanas, por lo que no corrían peligro. El edificio se autoabastecía con una…

Dos tardes

Las clases terminaron a las cinco de la tarde, como cada día. Era primavera, de modo que quedaban todavía algunas horas de sol por delante. María recogía sus libros y los guardaba en su raída mochila, intentando olvidar que para el próximo examen tendría que recordar muchas cosas inútiles. Había quedado con Clara para volver a casa andando; tardarían aproximadamente tres cuartos de hora y aprovecharían para contarse todos los cotilleos del día.

La madre de María estaba nerviosa. Eran ya las siete de la tarde y su hija todavía no había vuelto. Angustiada, decidió llamar al novio de María por si sabía algo, pero parecía no haber nadie en casa; estaría trabajando en el bar. Llamó entonces al local y le pidió al muchacho que la ayudara a buscar a su hija. Y él, nervioso y disgustado, recorrió todo el camino hasta el colegio y volvió a casa sin resultado, para encontrar a María y Clara sentadas en un viejo banco del parque a dos calles de su casa. Hubo abrazos, un par de lágrimas y una peq…

Cortar cabezas

- Estoy nerviosa.
   - Se nota un poco.
   - ¡Cortar cabezas!
   - Cut necks!
   - No tío, eso sería cortar cuellos.
   - Bueno, para el caso...
   - No, no. Hay una diferencia clara entre cortar cabezas y cortar cuellos.
   - Miedo me das...
   - Fácil: cuando cortas un cuello, el corte puede ser superficial o profundo, y puede provocar la muerte o no, pero en realidad nunca llegas a separar la cabeza del tronco. Si lo haces ya no estás cortando el cuello sino decapitando, ¿no crees?
   - ¿Por qué estamos hablando de esto?
   - Pero en cambio cuando digo "cortar cabezas", me imagino las cabezas decapitadas de un simple ¡zas!, de manera que caen rápido al suelo y ruedan. Y la persona muere, claro.
   - Lo cual me parece lógico. Bastante más que esta conversación.
   - Aunque es cierto que cuando se dice "cortar cabezas", es como si estuvieras haciendo un corte en una cabeza, en el cráneo por ejemplo. Como una trepanación. Pero la trepanación es agujerear el crán…

Cambio

Salió a la ciudad con una sonrisa en la boca porque al fin se sentía libre. El sol empezaba a reclamar su papel en la recién estrenada primavera y el aire se había hecho algo más ligero, provocando que todos los sonidos fueran más agudos. Por eso sonreía, y tenía ganas de correr por las calles y revolcarse en la arena de la playa y dormir la siesta a la sombra de algún árbol. Porque era libre, porque al fin dejaba todas sus preocupaciones diarias atrás, porque podía vaciar su maleta de cosas viejas y sucias, porque se había quitado un tremendo peso de encima y se sentía tan ligera que se creía capaz de volar.

Salió a la ciudad con lágrimas en los ojos porque esa era la reacción más común ante los cambios bruscos e inesperados; porque se abría ante ella un abismo de incertidumbre y sentía esa especie de miedo escénico ante la idea de tener una vida completamente nueva por delante. Lloraba porque dejaba atrás buenos momentos que quizá no había sabido valorar del todo y porque de repente…

Tic-tac

Tic-tac, el tiempo pasa y ella sigue quieta, esperando.

Tic-tac, la noche da paso al día que da paso a la noche, y ella sigue en su rutina, avanzando en círculos. Aunque de vez en cuando también consigue hacer una ese. Que luego se convierte en un ocho.

Tic-tac, a veces el mundo parece detenerse por completo y entonces vive en un eterno día de la marmota, que se convierte luego en el mes de la marmota para acabar siendo el año de la marmota. Otras veces, en cambio, da la sensación de que todo sucede muy rápido. Las imágenes se difuminan y se distorsionan en un curioso efecto Doppler visual y no le da tiempo a comprender nada. Sólo sabe que algo se mueve. Y tras ese algo, miles de otros algos que se mueven más rápido todavía.

Tic-tac, recuerda todo lo que quería ser y que nunca llegó a conseguir, pero aún recuerda con más claridad la maldita incertidumbre de no saber qué hacer, presionándola a todas horas. Demasiadas opciones entre las que elegir sólo una, o dos, le producen la agobian…

Nube de información

Le están robando el tiempo.

Información que cae torrencialmente en y desde multitud de lugares. Miles de ojos que observan y luego explican; la objetividad a veces se olvida, la frivolidad impera, ya nadie sabe qué creer. Una inmensa torre de Babel que obliga a rebuscar entre millones de ceros y unos hasta encontrar una fuente fiable.

Un caos de arañazos negros y grises con pinceladas blancas sobrevolando su cabeza. Un link que lleva a tres más, cada uno de los cuales lleva a otros tantos, cual virus. Los links son virus. Cada vez hay más y más. Hasta que al fin se llegue al punto de partida; cuando todos los links apunten a otros links que apunten a esos links primigenios. ¿Es eso posible? Demasiada información que absorber, mientras el planeta entero juega a un trepidante juego del teléfono, ese al que juegan los niños para ver cómo se tergiversa un mensaje al pasar por veinte personas distintas. La calidad importa pero la cantidad impera.

Hasta que al fin todo se detiene y uno elig…

No lo hagas

No lo hagas.

No me critiques; no me corrijas. No me indiques qué hacer, no me señales la dirección, no pretendas guiarme por el supuesto camino correcto. No me impongas tu filosofía de vida; no me intentes convencer de que tienes más razón que yo. No me digas en qué fallo ni cómo debería pensar, ni insinúes que mi actitud es la equivocada. No me vendas psicología barata ni autoayuda de papel reciclado mientras tú tienes tu propia mierda que limpiar. No señales con el dedo de la inseguridad todos mis defectos como si los tuyos fueran menos importantes; no quieras hacerme creer que sólo yo soy un caso perdido. No me recuerdes las cosas que no tengo, en todo caso ayúdame a no olvidar lo que debo atesorar. No me digas lo que sabes perfectamente que no necesito oír; no apuntes y dispares sólo porque haciendo eso te sientes superior. No me mires por encima del hombro o acabarás chocando con los hombros de quienes te miran a tí; no me compadezcas ni sientas pena por mí sólo porque nuestras v…

Confidente

Claudia me mira con lágrimas en los ojos. Es muy bonita, pero no ha tenido un buen día. Mejor dicho, no ha tenido una buena semana.

Según ella, lo que lleva de año está siendo una mierda.

Claudia siempre me dice que con hablar conmigo le basta, que no es necesario que le diga nada; sólo con saber que alguien la escucha y le permite que se desahogue sin tapujos y sin ser criticada tiene suficiente. No quiere consejos ni palabras de apoyo ni ideas ni correcciones; sólo ansía sincerarse abiertamente sin más consecuencias que la posterior sensación de vacío y bienestar. De modo que yo no puedo hacer más que dejar que hable y llore, y estar pendiente de que no se le acaben los pañuelos de papel.

A veces Claudia se toca nerviosa el pelo o juega con algo entre sus manos: un trozo de plástico, un bolígrafo, una goma de pelo, la esquina de una hoja de papel, una miga de pan. Cuando habla, gesticula con energía y vocaliza con firmeza, profiriendo un innecesario énfasis a unas frases de queja y …

La borraron

La borraron, y ahora es tan sólo un fantasma.

De su paso apenas quedan recuerdos, vagas imágenes de vapor y vidrio opaco que se disuelven con el primer rayo de sol. Las pupilas que la vieron acabaron en un fundido a negro para después renacer en un pasado próximo, forzado e irreal. Aquellos que la leyeron no pudieron comprender, y con un simple movimiento barrieron sus letras, y éstas danzaron y temblaron como hojas marrones movidas por el viento. Muchos oídos quedaron sordos y olvidaron texturas y tonalidades que se perdieron en una falta de aire particular. Sus cientos, miles, de instantes indivisibles fueron quemados por lenguas naranjas y puntos azul eléctrico; si se hubieran colocado todos esas instantáneas una tras otra, ella habría durado dos minutos más. Quizá.

Pero la borraron. Y al borrarla todo se perdió: las ansias y la inseguridad, el amor y los refrescos a primera hora de la mañana, las metas sin cumplir y los paseos bajo una fina lluvia primaveral. Murieron los secretos…

Airship era (I)

Otra vez hay niebla. Mejor dicho, nunca acaba de irse.

Es una bruma baja, densa, del color de la nicotina. Dicen en la radio que es una mezcla de contaminación, niebla real y los vapores producidos por las nuevas fábricas de robots. Otros dicen que los gases de los dirigibles derribados todavía no se han dispersado. Yo, francamente, prefiero la idea, mucho más romántica, de la niebla.

Pero esta maldita bruma produce un terrible escozor en los ojos. El comunicado resonó por los altavoces de la ciudad hace tan sólo un par de días: es obligatorio usar gafas protectoras en la calle. Algunos tienen más suerte que otros, dependiendo de la zona en la que viven. He oído que en el edificio Sendai del centro hay familias que llevan más de seis meses sin pisar el asfalto. Privilegiados. Aunque no les envidio. No del todo. Comen bien, huelen bien, viven bien. Y a pesar de todo algunos de ellos se siguen suicidando, lanzándose al vacío desde las plantas superiores. Hoy mismo han muerto cinco más.

La ciudad robada

Me robaste la ciudad, ladrón de guante blanco y máscara casi perfecta. Me robaste la ciudad y me dejaste tirada en una cuneta de las afueras para que me confundiera con el asfalto en una tarde de lluvia. Me robaste la ciudad y ahora lucho con todas mis fuerzas por recuperarla, por volver a ella. Porque hubo un tiempo en el que yo compartí la ciudad contigo, mostrándote lugares que nunca habías imaginado, presentándote a gentes que de otra manera jamás habrías conocido. Y tú cogiste todo eso y lo guardaste en uno de tus oscuros y sucios cajones llenos de mentiras y secretos, y te lo quedaste para ti. Me robaste la ciudad, y ahora quiero que me la devuelvas.

Tengo un plan. Es un plan simple y tú ni siquiera estás presente en él. Más bien ése es el plan; que tú no te des cuenta de nada. Poco a poco, como las nubes que avanzan por el cielo para luego desaparecer silenciosamente, sin que nadie se haya fijado en ellas. Avanzaré como las dunas en el desierto y me moveré como las olas en la p…

La cruz y la cara

Triste Sin Valentín

Hay un coche mal aparcado en frente del apartamento. Un Volkswagen último modelo, de ese mismo año. Las luces están apagadas; dentro del vehículo la luz de un cigarrillo fumado con esmero danza con suavidad, como un fantasma. Con cada calada, un nuevo reflejo. Con cada bocanada, un poco más de niebla. Esperando.

Alguien pica en el cristal del copiloto. El cigarro vuela hacia abajo, y el hombre se gira. Pasan unos segundos hasta que decide bajar la ventanilla.

– ¿Qué quieres? –Su tono no es amigable. Parece más una afirmación.

– Me he dejado el bolso. –Una voz femenina, congestionada y ronca por la desesperación y el agotamiento.

– Sírvete tú misma. –Un click, y ella abre la puerta trasera. Coge el bolso y la cierra.

– Dime que dejarás de fumar. –Es una súplica, tan penosa como su cara deformada por el llanto.

– Dime que me vas a dejar en paz. –Es una orden, tan seca como la voz de su dueño.

La mujer suspira y se gira, dirigiéndose al portal. Puede oír a sus espalda…

Gato

Un gato observa a Claudia mientras ella camina distraídamente recogiéndose el pelo. El gato guiña un ojo, se lame una pata y se restriega la cara, y vuelve a mirar con curiosidad a Claudia, que se aleja con paso tranquilo pero decidido. "¿Por qué se recoge el pelo?", piensa el gato. "¿Y a dónde irá?".

Claudia ve cómo un gato la mira mientras ella busca su goma de pelo en el bolso; ha caminado mucho y tiene calor, pese a estar en pleno Enero, así que se hace una coleta. Va escuchando música para no oír los sucios sonidos de la ciudad, y mientras se aleja piensa: "¿Pasarán frío también los gatos? Y éste, ¿hoy dónde dormirá?".

Empezar de cero

Claudia se ha prometido a sí misma que se va a esforzar.

Va a ser duro, y ella lo sabe. Lleva demasiado tiempo tomando el camino fácil. Pero los efectos colaterales están siendo nefastos. Y es hora de poner remedio.

Saldrán muchas mierdas. Mierdas sin calidad, casi imposibles de digerir. Pero hay que pagar ese precio. Porque Claudia sabe que, tarde o temprano, algo decente acabará apareciendo. Si fue capaz hace años, ¿por qué no ahora? Recuperar lo perdido.

Claudia quiere, necesita, creer en ese lema tan repetido de que con esfuerzo todo es posible. Al menos quiere intentarlo. Aunque el desánimo intente ganarle terreno durante el proceso. Claudia desea comprobar que las recompensas existen.

Así que Claudia empieza de cero.

Risa

Claudia se ríe.

En realidad quiere cortar cabezas.

Pero se ríe. Se ríe de todo y de todos. A carcajada limpia, sin miramientos, señalando con el dedo. Sin esconderse, dejando bien claro cuál es el motivo de su burla. Se ríe escandalosamente, para que todo el mundo se entere. Se ríe cínica y miserablemente, sin importarle las consecuencias. Se ríe hasta que se queda sin aire, hasta que algo en su interior se rompe y se pone a llorar. Se ríe de todo y de todos.

De los amores perdidos y los deseos frustrados, de los planes de futuro y del miedo a abrir los ojos, del dolor autoinflingido y de la esperanza aún no perdida, de aquellos a quienes todavía recuerda y que ni siquiera piensan en ella. De la mejilla que tantos golpes recibió y de todas las manos que puso en el fuego y que luego ardieron miserablemente; de las sonrisas bonitas y amables que no sirvieron para nada y de las lágrimas que alejaron a todo el mundo de su lado. De la cobardía de los que creen tener la razón, y de la infan…

El pequeño despertar de Claudia

Claudia se remueve.

Está inquieta. Le duelen la cabeza y la espalda. Los brazos le han hormigueado por oleadas hasta la punta de los dedos. Las piernas le pesan. Está desorientada y se siente abatida. Por un momento piensa que ha estado hibernando durante demasiado tiempo, como si el despertador no hubiera funcionado.

¿Dónde ha estado realmente?

No se acuerda demasiado bien. La verdad es que tampoco tiene demasiadas ganas de pensar en ello. Intuye que si piensa demasiado se pondrá a llorar. Ya basta de llorar, ¿no? No vale la pena, las cosas siguen igual, se llore o no se llore.

¿Seguro?

Claudia se estira lentamente mientras piensa en el hecho de llorar. ¿Cuántos litros de lágrimas puede llegar a derramar una persona en una crisis intensa de llanto? ¿Y a través de los años? ¿Se habrá hecho alguna vez un estudio acerca de ello? Seguro que sí, si las empresas se dedican a realizar estudios científicos para demostrar que la gente prefiere su tiempo de ocio al que pasan trabajando. Decide…